LAS TREMENTINAIRES (PARTE I)

ᴇɴ ɴᴏᴍʙʀᴇ ᴅᴇ ᴅɪᴏꜱ, ᴇʟ ᴄʟᴇᴍᴇɴᴛᴇ, ᴇʟ ᴍɪꜱᴇʀɪᴄᴏʀᴅɪᴏꜱᴏ.

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Hace algo más de un siglo, en un valle recóndito del alto pirineo catalán (Valle de la Vansa y de Tuixent), surgió, como si de un cuento perdido en las arenas del tiempo se tratara, un oficio itinerante, realizado por un grupo de mujeres, las cuales, pasarían a llamarse entre las gentes de la Comunidad, como, 'Las Trementineires'.

Con las cambios económicos-demográficos que se dieron a partir del siglo XIX, el Valle de la Vansa y de Tuixent, así como multiples lugares rurales y remotos de toda España, obligaron a sus gentes a adaptarse. En esta zona de Lérida, los recursos en forma de
dinero en efectivo eras escasos, y las ganancias por parte de los aldeanos menos pudientes (“casas bajas”), muy reducidas, por lo que cada vez era más arduo sacar adelante a sus respectivas familias. Esto provocó que las mujeres de esta categoría económico- social (“casas bajas”), hubieran de dar un paso al frente y
hacer uso del conocimiento que les había llegado de las generaciones que les precedieron, para así ayudar a sus respectivos maridos y familias a poder subsistir.

Ingeniosamente, aprovecharon tanto el idóneo lugar donde vivían, como el conocimiento recibido de generaciones anteriores, para dar comienzo así, al exclusivo oficio que representaron, el cual, se basaba en la preparación de bálsamos, curas, remedios y ungüentos de hierbas y resinas medicinales, las cuales, más tarde, cargarían y distribuirían por toda la zona de Cataluña, yendo siempre a pie, de puerta en puerta, casa a casa...



El primer viaje como Trementineires, se dió en el 1875.
La tarea de preparación, seguía el ciclo de las estaciones: a partir de la primavera, hasta finales del verano, se aplicaban en la recolección y el secado de todos los ingredientes (plantas, resinas sobretodo la resina de pino rojo, de la que, extraerían su ingrediente emblema, y por el cual se les pasaría a conocer, la 'trementina', y setas) que, posteriormente necesitarían para realizar los bálsamos medicinales.
A la hora de realizar los viajes, los cuales, podían tener, incluso meses de duración, las mujeres siempre partían en parejas, pertenecientes asiduamente, a la misma familia. La regla general era que, para asegurarse la transmisión del conocimiento, siempre fuera una más mayor que la otra, por lo que, una de ellas, ejercía de maestra del oficio, ya que estaba más experimentada y tenía más conocimiento, y la otra, hacía de aprendiz o discípula.
Ahora bien, cabe resaltar que este acontecimiento laboral, no se dio por el placer de estas personas, si no por una necesidad económica; estas sabían que, al salir de su hogar, se enfrentaban a múltiples peligros, como podían ser: tormentas, animales salvajes, robos, accidentes de algunas de ellas, etc. 

Es por ello que, intentaban minimizar al máximo que se dieran estos panoramas, optando siempre por, en lugar de acercarse a las grandes poblaciones y a los mercados, ir por los caminos que dejaban los ganaderos, accediendo solo a ciertas aldeas y pueblos, pudiendo así ofrecer un trato directo con las personas, las cuales, debido al valor que le fueron dando a estas mujeres, (ya que portaban bálsamos y elixires como en ningún otro lugar del territorio habían, ya fuera porque no había llegado hasta allí el conocimiento, o bien porque no crecían los ingredientes apropiados), les comenzaron a otorgar la hermosa accesibilidad de sus hogares,
ofreciéndoles cobijo y seguridad, además de lazos de confianza para los años venideros.


Un poema dedicado a ellas entona:
Mujer valerosa y fuerte
curandera ambulante
con gran conocimiento de hierbas
y remedios tradicionales.
Su habla expresiva y clara
con una gran memoria
la hacían tan agradable
como un bello trino encantado.

Por doctores calificada
como joya de la naturaleza
por su complemento y ayuda
en curas realizadas.
Iba muy bien vestida
y nunca sola, con compañera,
generalmente aprendiz
a la cual un sueldo daba. 

Era muy bien acogidap

or todos los sitios que pasaba

hasta como de familia
había quien la esperaba.
Y siempre su conducta
era sincera y formal
y a las familias más pobres
no les cobraba ni un real
”.



Pese a la hermosa fama y renombre que se ganaron las Trementineires, esta fue escasa en el tiempo, ya que, con la revolución del siglo XX, el oficio paso a un segundo plano, (apertura de caminos por lo que la gente podía acercarse al valle más cómodamente para la adquisición de los preparados; en los pueblos y ciudades, se abrieron almacenes boticarios que permitieron abastecer a la gente con los remedios herbares locales, además de la desruralización de gran parte de la Comunidad), haciendo evidente que, el esfuerzo y el viaje de estas mujeres, en pos de llevar las medicinas herbales, a aquellas personas que no disponían de estas, ya no era tan necesario como antaño, quedando así, abandonada poco a poco la profesión, ahora solo conocida por la transmisión oral, y por el esfuerzo de las nuevas gentes de la zona de la Vansa y Tuixent.


El último viaje fue realizado por la 'última' Trementineira, Sofía d'Ossera, en el año 1982-84 (el año no se conoce exactamente). Pese a que la historia de esta profesión duró lo que duró, el conocimiento herbal que heredaron estas mujeres, como el que dejaron para las siguientes generaciones, aún sigue vivo, incluso se conoce gran parte de la formulación de sus preparados y remedios.

Seguirá....


Assalamu alaikum wa rahmatullah wa barakatuh.


ʙɪᴏɢʀᴀꜰÍᴀ:
https://www.lleida.com/blog/trementinaires-las-mujeres-sabias-de-la-montana

https://es.wikipedia.org/wiki/Trementinaires





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